Juegando con mis reglas en El Salvador

Yosotros y yosotras somos movimiento     

        Un país que me enseña mucho

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El Salvador, es para mi un país que ha marcado un antes y un después en mi vida. En general, cada vez que viajo vivo una mutación camaleónica, pero en éste país es más intenso.

Siempre tan lleno de aventuras y riesgos, de incertidumbre sobre todo. El Salvador también es placer, la gente de éste país no deja de asombrarme, su capacidad de soñar otro mundo posible, la creatividad innovadora de las y los pobladores que me he ido encontrando en las calles me maravilla, cada vez que saludo a alguien en las calles lo hago con la certeza de que una parte mía es contenida por cada persona y que yo también les contengo.

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No dejo de pensar que la vida es un juego que debe jugarse con mucho amor y entrega, con muchas ganas de co-crear en colectivo, fortaleciendo las redes de amigos y amigas que causalmente van fluyendo en ésta, mi espiral llena de vida danzante. Estas personas que son apoyo, con quienes co-inventamos oportunidades, quienes me dan esperanza, confianza y fuerza con cada abrazo sincero.

Éste viaje, lleno de reencuentros, de amores profundos y vivos. Reales. En donde siento palpable ese equilibrio que tanto busco entre dar y recibir, desde la espontaneidad que solo el amor hace posible. Ese amor, que es el argumento principal de mi vida.

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Este país, esta gente bella, que me permiten compartir mis saberes desde la más sincera humildad, con mucha apertura y disponibilidad, vamos creando espacios de reflexión-exploración que trascienden nuestros cuerpos y emociones, con mucha paciencia, vamos reconociendo nuestros recursos pero sin dejar de divertirnos en el proceso.

Reconocemos también nuestros miedos, nuestra historia, desde la sabiduría de nuestros cuerpos, lo que duele, lo que goza, lo que nos vibra, lo que nos contiene, estas emociones que nos fortalecen al reconocerles y darles su espacio, nos comprometen a construir una sociedad más sana, más libre y amorosa.

Nos vamos dando el espacio para asumir nuevos retos con más ganas, como una familia organizativa en la que se gesta una comunicación desde los apapachos -aún en la distancia- utilizando el arte como metodología de trabajo, asumiendonos como seres sistémicos que se mueven eternamente en este multiverso, con mucho agradecimiento por nuestro encuentro. Nuestro encuentro humano a través del otro y la otra.

Yo soy yo, en cuanto me reconozco en vos.

La Barboleta

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Juegando con mis reglas en El Salvador

Yosotros y yosotras somos movimiento     

        Un país que me enseña mucho

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El Salvador, es para mi un país que ha marcado un antes y un después en mi vida. En general, cada vez que viajo vivo una mutación camaleónica, pero en éste país es más intenso.

Siempre tan lleno de aventuras y riesgos, de incertidumbre sobre todo. El Salvador también es placer, la gente de éste país no deja de asombrarme, su capacidad de soñar otro mundo posible, la creatividad innovadora de las y los pobladores que me he ido encontrando en las calles me maravilla, cada vez que saludo a alguien en las calles lo hago con la certeza de que una parte mía es contenida por cada persona y que yo también les contengo.

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No dejo de pensar que la vida es un juego que debe jugarse con mucho amor y entrega, con muchas ganas de co-crear en colectivo, fortaleciendo las redes de amigos y amigas que causalmente van fluyendo en ésta, mi espiral llena de vida danzante. Estas personas que son apoyo, con quienes co-inventamos oportunidades, quienes me dan esperanza, confianza y fuerza con cada abrazo sincero.

Éste viaje, lleno de reencuentros, de amores profundos y vivos. Reales. En donde siento palpable ese equilibrio que tanto busco entre dar y recibir, desde la espontaneidad que solo el amor hace posible. Ese amor, que es el argumento principal de mi vida.

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Este país, esta gente bella, que me permiten compartir mis saberes desde la más sincera humildad, con mucha apertura y disponibilidad, vamos creando espacios de reflexión-exploración que trascienden nuestros cuerpos y emociones, con mucha paciencia, vamos reconociendo nuestros recursos pero sin dejar de divertirnos en el proceso.

Reconocemos también nuestros miedos, nuestra historia, desde la sabiduría de nuestros cuerpos, lo que duele, lo que goza, lo que nos vibra, lo que nos contiene, estas emociones que nos fortalecen al reconocerles y darles su espacio, nos comprometen a construir una sociedad más sana, más libre y amorosa.

Nos vamos dando el espacio para asumir nuevos retos con más ganas, como una familia organizativa en la que se gesta una comunicación desde los apapachos -aún en la distancia- utilizando el arte como metodología de trabajo, asumiendonos como seres sistémicos que se mueven eternamente en este multiverso, con mucho agradecimiento por nuestro encuentro. Nuestro encuentro humano a través del otro y la otra.

Yo soy yo, en cuanto me reconozco en vos.

La Barboleta