De El Zafarrancho 7.0 y otros demonios

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Hoy quiero empezar por el principio. Esta soy yo. Mi nombre es Cristel, tengo 23 años. Soy mujer y soy feminista.

Esta vez, siento la necesidad de compartir con ustedes la experiencia que he vivido hoy, en la noche, durante el concierto que daba la famosa banda La Cuneta Son Machin.

Hace varios días, mientras paseabamos a la perra, mi hermana empezó con una campaña potente para convencerme de acompañarla al concierto que dá ésta banda todos los años. Ese que tiene por nombre El Zafarrancho (número) punto cero.
Como estoy a punto de cruzarme de casa y por ende ya casi no pasaré tiempo con ella, decidí decirle que si.

Debo decir, que es la primera vez en mi vida que voy a un concierto de ellos. Llegamos al lugar del concierto, había una convocatoria enorme, pero cual es mi primer susto… ¿habia regresado a la secundaria? Como el 80% de las personas asistentes eran menores de 20 años.

Comiendo Atomic Pizza con cerveza, mientras, de vez en cuando tiraban rollos de papel higiénico por los aires. De cuando en cuando no faltaban los grupitos que disfrutaban jugando al tiro al blanco humano, solo que en vez de dardos, pues, te dejaban un chichote en la cabeza con una lata de cerveza llena.

Y ni hablar del “mosh” que surgía y amenizaba el ritmo cumbia – cunetera. Tan lindo. (Suspiro)

En fin. Debo expresar que no disfruto de la música de La Cuneta, ni me lleno de euforia al escucharles, sin embargo la respeto totalmente. Pero a estas alturas del concierto, las letras de sus canciones eran lo que menos me agriaban la noche.

Estaba de pie, tratando de poner atención a la banda (y de ser buena compañía para mi hermana), tratando de esquivar las cervezas voladoras, tratando de mantenerme estable para que no caer con los empujones… Cuando de repente, siento una mano que agarra mi vulva y la aprieta fuerte, como tratando de tocar más, me doy cuenta que es un hombre que estaba “pasando” adelante de mí.
Le aparté la mano, lo empujé, le grité “¡Que es lo que te pasa asqueroso de mierda!” a lo que él me respondió con otra agresión, me gritó, me empujó y me dio una mirada que me hizo entender que si no hubiese tanta gente en el lugar, me golpeaba.

Se fue rápido. Me quede sumamente intranquila, cada parte de mi cuerpo estaba gritando de rabia y enojo. Entonces, me puse a pensar en la cantidad de niñas y adolescentes qué tenía a mi alrededor, en mi hermana ¿Cuantas veces les habrá pasado lo mismo y no han sabido que hacer, más que guardar silencio y disimular como que nada está pasando?

Así, como me decían cuando era niña y me acosaban en la calle “hace como que no los escuchas” o “mira para abajo”.

Cuando nos encontramos con mi mamá y le conté lo que me había pasado y le expresé lo indignada que estaba, no me dijo nada. No me dijo NADA. Luego de un tiempo de plática, me empezó a decir que seguramente ese hombre me había tocado porque me miró distraída. Si, si, si, si…. Mi propia madre me estaba responsabilizando por la agresión que yo había vivido por parte de ese hombre. Me decía que yo me había expuesto al ir a ese lugar. Obvio es mi culpa ¿De qué te quejas, Cristel? Si vos te lo buscaste!

Tuvimos una discusión fuerte sobre esto. Me alteré mucho. Estoy alterada aún.

Hasta cuando!!?? ¿Hasta cuando las mujeres seremos las culpables de las agresiones que vivimos por parte de los hombres?

– ¿Ustedes saben lo que es un trauma?

Diganme ¿cómo se sobrelleva una situación donde te echan la culpa porque te abusan, te tocan o te golpean, y al mismo tiempo estas reviviendo el recuerdo de lo sucedido? Por que las manos de ese hombre están grabadas en mí. En la memoria del cuerpo.

¿Hasta cuando los responsables se harán responsables?

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Quiero dedicar este escrito a todas las mujeres que están ahí, en silencio, que no se atreven a hablar, que saben que no solo a mi me ha pasado esto, lo vivimos todas, yo grito por ustedes, mujeres. Pero quiero que sepan que las necesito. Nos necesitamos.

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También quiero proponerles a los chavalos de La Cuneta Son Machín que alcen su voz a favor del respeto hacia la integridad de las mujeres, usen esa influencia enorme que tienen en la juventud nicaragüense en pro de la defensa de nuestros derechos.

Yo escuché cuando les dijeron a un grupo de jóvenes que dejaran de golpearse. Sé que los vieron y les hicieron ese llamado de atención. Aplaudo eso.

Les invito a que también lo hagan hablando de este tema que vivimos las chavalas en sus conciertos, que las chavalas sepan que deben defenderse, que puedan acudir a alguien de seguridad para hacer denuncia en sus eventos.

Pero entendamos algo:
No es como andemos vestidas, no es como andemos caminando, no es si estamos distraídas, no es si estamos bailando. Incluso si estuviésemos desnudas, ABSOLUTAMENTE NADIE puede tocarnos sin nuestro consentimiento.

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Exigamos el respeto que merecemos. Ya basta! No mas violación a nuestros espacios de vida!

La Borboleta.